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Emociones – Obras de Sara Minster

“Las pequeñas emociones son las grandes capitanas de nuestras vidas,

y las obedecemos sin saberlo”.

Vincent Van Gogh

 Intentar comprender la obra de un artista es siempre un desafío y un ejercicio complejo, sobre todo cuando aspectos como la subjetividad, el acercamiento siempre parcial a sus procesos creativos y a las ideas que lo inspiran plantean un microcosmo  por descubrir. En este caso particular y porque creo cada vez más en las causalidades que en las casualidades, conozco personalmente a la artista lo que me allana bastante el camino y me da pistas para abordar un análisis donde los elementos se relacionan más a lo emocional que a lo racional. Sara, al igual que mi madre también pintora, integra esa pléyade de docentes/maestras que forjaron el Uruguay Valeriano. Esa generación de vocacionales que nunca han dejado de educar.

El ejercicio de explorar sinergias entre textos y pinturas no es para nada nuevo en la trayectoria de Sara Minster. De hecho, ese juego compartido y desarrollado por el Grupo de las Artes del cual es entusiasta integrante, fue el primer eslabón que nos ha unido. Por lo tanto, no estamos frente a un novel camino experimental, sino más bien a la profundización de una experiencia ya no colectiva, sino íntimamente individual, donde las apoyaturas surgen de textos provenientes de su entorno más cercano, es decir familia y amigos.

Lejos de cualquier interpretación académica, y con el absoluto respeto a los caminos personales de cada creador, es imposible e inútil establecer referencias, o herencias estético plásticas de corrientes o artistas del pasado. Así que me he ahorrado establecer conexiones, o intenciones que sin duda me conducirán al error y me he sumergido en el terreno de la emoción, dejándome llevar por la contemplación y el navegar sin ataduras.

Dicho esto, mis ojos cansados han encontrado en mi memoria imágenes donde la emoción es la expresión suprema. Comparto esta visión personal no para que se transforme en una pista a seguir, sino como forma de explicar mejor lo que escribo, pero debo reconocer que me ha asaltado algún expresionista como Ernest Ludwig Kirchner fundador del grupo El Puente, y sobre todo el Fauvista Maurice de Vlaminck. Ellos junto con Sara, comparten: la madurez en el caso de Vlaminck, la energía, la búsqueda de un lenguaje nuevo, la alegría del color y el gesto de la pincelada.

Intentemos como espectadores entender el proceso, porque toda creación es una batalla librada contra el conformismo, la comodidad, la tentación de lo contemplativo, para pasar a la acción, tomar riesgos, fracasar, y a veces triunfar.

He aquí algunos fragmentos inspiradores de esos textos recibidos:

“Su boca. La boca que pronuncia sus palabras; la que pinta de memoria un labial que ya sabe perfectamente su recorrido; la boca que besaron hombres que la amaron. La boca roja que desborda pasión; la boca roja que desencadena discusiones acerca de su boca. La boca roja que siempre tendrá argumentos para verse roja, poderosa, firme, entera. De boca al mundo.”

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Ya te pinté                                                                             

de rojo y negro

Vertí  en tu sangre

gotas amarillas

Intensidad intenté

darle a los azules

por los mares que atravesaste

que atraviesas, que lo harás

Verde le di a tus pies

y a la yema de tus dedos apretados

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Una línea oblicua en un cuadro

puede ser espada, puede ser tallo

Un mancha roja puede ser sangre

o clavel

Un artista en un cuadro puede morir

o florecer

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La noche da un liviano paso atrás

y cede lugar a la personificación

de aquel extraño beso, breve y peculiar, que observado a través de unos visillos, fatalmente perderá su esencia de respuesta a una pregunta,

que no se puede formular con palabras

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 De estas semillas, se me ocurren las siguientes reflexiones que intentaré sean válidas para el conjunto de obras de esta serie.

La composición: En esta serie, las formas son las protagonistas. El dibujo es secundario ya que la representación de la realidad no es el objetivo central. Incluso en muchos casos puedo percibir cierto “coqueteo” deliberado con la abstracción obligando al espectador al ejercicio de poner parte de sí y de involucrarse para establecer un diálogo.

En algunas obras también aparecen como elementos estructurales, grafismos, tipografías, referencias culturales que subyacen y establecen vínculos con una herencia rica y ecléctica, cómplices necesarios para el misterio y la reflexión.

 La paleta: Mis referencias a los expresionistas y al fauvismo están basadas en lo vibrante de la utilización de los colores puros, intensos, casi “salvajes” que se empastan por primera vez en la tela, creando torbellinos de color, superposiciones y transformándose en cómplices de nuevos tonos y matices.

 La textura: Tanta energía desatada necesita otros caminos más allá  del simple ejercicio del color, por lo tanto frecuentemente se le agregan a veces cruzándose, a veces sumándose las propias nervaduras de una pintura generosa y espesa.

 El gesto: Confieso que no he visto a Sara pintar, pero me atrevo a imaginarla en acción, donde el movimiento,  premeditación, y la espontaneidad se apoderan de pinceles, y goteados, para esparcir, rellenar, raspar, desgarrar, en un aquelarre semi-reglado vehículo imprescindible para compartir sus y nuestras emociones.

Claudio Del Pup – DURIK  – Abril de 2019