Celebración de la Amistad

Un amigo es alguien que conoce la canción de tu corazón

y puede cantarla cuando a ti ya se te ha olvidado la letra.

Julio Ramón Ribeyro

Primero fue Juan.

Luego de varios años de autoexilio, volví con parte de mi familia al Uruguay. Las razones seguramente se pueden explicar, o no tanto, pero es inútil cualquier especulación sobre alternativas posibles.

Lo cierto, es que esos primeros tiempos de ajustes a la nueva realidad, la búsqueda y desarrollo de una nueva etapa de vida, y el reinsertarse en paisajes conocidos pero de alguna forma lejanos, nos llevó a saciar la sed de pertenencia.

Es así, que una proa olvidada de La Floresta, fue un ancla a viejas vivencias, a la recuperación de un lugar perdido, a la sanación de heridas y el desarrollo de viejas y nuevas amistades.

Recuerdo una tarde, caminando con Juancho donde me comentó de un legado olvidado y desconocido  al que tal vez mi pasado por Bellas Artes podría darle sentido.

Algunas carpetas con escritos y unos tres mil dibujos/ilustraciones realizadas por Juan Capagorry, su padre ya desaparecido dormían en el fondo de un baúl.

No recuerdo con precisión cómo las ideas se fueron tramando de la mano de nuestras esposas, inquietas culturales, que sumadas a unos fondos del Ministerio de Cultura, lograron un apoyo para el rescate y difusión de una parte significativa de la obra de Juan como ilustrador. Un bautismo inciático como curador sobre el trabajo de alguien que no conocí personalmente y del cual tenía vagos recuerdos.

Después fue Daniel.

Las investigaciones realizadas y el relevamiento de las actividades desarrolladas por un inquieto creador como Juan desembocaron en la profunda amistad que había cultivado con Daniel Viglietti, a tal punto que juntos habían creado uno de los registros más auténticos sobre oficios rurales en vías de extinción. En 1965 aparece “Hombres de nuestra tierra” donde ambos, uno con sus letras y otro con su música, elaboran un disco que tiene más allá de su valor musical, un registro casi antropológico de un Uruguay que desaparecía.

Cuando armamos la rutina de presentar la muestra en ocho ciudades del interior, se nos ocurrió que Daniel tal vez podría sumarse en algunas presentaciones. No es necesario contar que su entusiasmo fue enorme desde el principio, y que en ese 2015 participó no en una, sino en tres celebraciones de una amistad a toda prueba donde al registro de la voz de Juan, le sumó la generosidad de su música y canto. (Solís de Mataojo, Empalme Olmos, y finalmente La Floresta).

Hace aproximadamente un año del Octubre de 2017,  volvimos a coincidir en un homenaje al Che organizado en el Pabellón del Bicentenario en el Parque Artigas de la ciudad de Las Piedras. El cantando a un público embelesado debajo en un auditorio desbordado, y algunas de las obras de Juan expuestas arriba en el pabellón. Una nueva confirmación de ese vínculo que los unía.

El viaje

Cenamos invitados por los organizadores, y la noche se hizo profunda. Así que como en otras ocasiones volvimos juntos a Montevideo en el coche.

En la ruta, con la complicidad de la soledad y el ronroneo del motor en el asiento trasero se fueron durmiendo Lourdes y su representante.

Hablamos de muchas cosas, de hijos y nietos lejanos, de su amistad con Juan, de cicatrices y sanaciones. Si alguien me dice que la magia existe, creo tener una evidencia real e irrefutable.

En algún momento, me atreví a comentarle que aún había manuscritos inéditos de Juan que podrían ser objeto de algún proyecto. Se tomó unos segundos, creo que buscando una formulación apegada a la cortesía, para devolverme una frase que todavía recuerdo: “Mirá, si sumo el tiempo necesario para desarrollar todas las ideas que tengo por delante, estaría diez años sin dormir”.  Silencio, y un Montevideo que nos recibe como a las tres de la mañana del sábado 28 de octubre de 2017.

Al bajarse del coche nos despedimos, me hizo una seña de que esperara unos minutos para entregarme un CD de su trabajo “Trópicos” que nunca ha salido del coche y que escucho cuando la melancolía me acecha.

Estos retratos de Daniel que realicé expresamente para esta muestra homenaje, junto con algunas  de las obras de Juan, son una reafirmación de la amistad que incondicionalmente se profesaban y que involuntariamente me han convertido en su testigo.

Durik – Claudio Del Pup

Octubre de 2018