De Oficio Dibujante – Juan Capagorry

“Dibujo porque me gusta, para mi satisfacción, a veces me siento en un bar a descansar,

a no pensar… yo siempre llevo un lápiz en el bolsillo, y una libreta; en campaña hay

gente que se siente segura si lleva cuchillo o revolver, otros no salen sin pañuelo, yo, en cambio, siempre llevo un lápiz por si se me ocurre algo. Me da seguridad.

Muchas veces me siento a dibujar; si veo que alguien se fija en lo que estoy haciendo rompo la hoja y empiezo a hacer cuentas para que no me miren como bicho raro, los números no molestan, en estos días todo el mundo hace cuentas….”

 Juan Capagorry

 

Bolicheando

Las ciudades tienen memoria en la medida que sus habitantes la cultiven, la protejan y la desarrollen. Esta memoria popular se expresa de múltiples maneras, desde la tradición oral, la narrativa popular, hasta en el cancionero tristón que por estas latitudes se refugia en tangos, murgas y candombe.

Montevideo tiene parte de su memoria atrincherada en los pocos boliches que van quedando, prendidos a la ciudad como abrojos en un combate desigual contra las modas y caprichos del progreso.

Lo curioso, es que estos bastiones de penas, desamores, amistades compartidas se han transformado en lugares invisibles para la mayoría de nosotros, quienes atrapados por la rutina laboral, el vértigo de los horarios, las grandes superficies comerciales, somos al decir de Alessandro Baricco: “bárbaros surfistas de la realidad”. Nuestro paradigma es: “deslizarnos por la superficie”… nada nos detiene, lo importante es “fluir”…

Estos dibujos de Capagorry nos devuelven la oportunidad de revivir la atmósfera de bohemia, lugares donde la realidad y la fantasía coquetean regadas con grapa miel, medio y medio, ginebra y la infaltable amarga.

La mirada del otro

Esta serie tiene como elemento aglutinador una carátula donde claramente se lee un título manuscrito: “Selección García Reyno”.

Será parte del misterio saber si dicha selección de dibujos fue realizada por el mismo Oscar García Reyno, o si por el contrario Capagorry eligió dentro de sus más de tres mil dibujos estos treinta y nueve trabajos para dedicárselos al consagrado pintor.

En su mayoría, los trabajos pertenecen a su serie de “Naipes” integrada exclusivamente por: Reyes, Caballos y Sotas. Un solitario paisaje y un rostro de perfil se han sumado al grupo.

De letreando

La compañía Letraset fue fundada en Londres en 1959 con el objetivo de introducir medios innovadores para los diseñadores gráficos. Es en 1960 cuando también aparecen las hojas de Letraset, método de transferencia de letras en seco que se convirtió en una verdadera revolución en el ámbito del diseño gráfico.

Me gustaría adivinar el proceso creativo de estas imágenes. Saber por ejemplo si fué primero el dibujo, al que coronaron luego las letras transferibles como herramientas expresivas, o si por el contrario, estas estructuras tipográficas alimentaron la imaginación para lograr la composición final.

En alguna nota, Capagorry declara: ”Las letras me piden que las incorpore a mis dibujos..”

La serie en su totalidad prescinde del color.

Para Capagorry en este caso lo importante es el diálogo entre esas pequeñas estructuras desarraigadas de su contexto natural con un dibujo libre donde la delicada ironía no está ausente.

Componiendo

De los más de tres mil dibujos que hemos clasificado y numerados, existen unas obras con una particularidad común.

Aquí, las figuras combinadas a veces con elementos figurativos están organizados en el espacio de la hoja bajo una estricta composición.

Es difícil determinar a la distancia las intenciones plásticas de Capagorry, y tal vez el tiempo y los testimonios de aquellos que lo conocieron personalmente, nos ayuden a develar muchas de estas interrogantes. Desde mi perspectiva, no puedo dejar de asociar estos trabajos con el

“constructivismo” que todo artista uruguayo sin duda conoce, y que se impone muchas veces a nivel plástico como el “maracanazo” lo hace a nivel futbolero.

Si existió o no una directa relación, no lo podemos afirmar, pero tal vez el fantasma de Torres García sobrevoló su mesa de dibujo a la hora de crear estos trabajos, donde su típicas figuras, aves, y naipes se disputan y comparten un espacio tendiente a lo aureo.

Solitarios navegantes

Si hay algo claro en el trabajo gráfico de Capagorry, es el casi obsesivo interés por la serie como elemento de creación.

Prueba de esto, es la innumerable cantidad de peces, naipes, figuras, futbolistas, aves al servicio del desarrollo de una idea.

Nada es casual, todo ha sido sistematizado, exprimido casi al máximo, reinventado, recreado a partir de todos los ángulos y puntos de vista posibles en una meticulosa tarea creativa.

Dentro de ese mundo serial, son raras las imágenes que se escapan al sistema.

Estas pequeñas figuras humanas en grupo frente a un rectángulo negro que recuerda un pizarrón, son casi la excepción. Obras que por su tamaño también desafían al resto de sus trabajos, tal vez embriones de nuevas e interminables series.

Retrateando

En esta serie de trabajos, donde el centro de interés de Capagorry es el retrato, encontramos mayoritariamente dibujos en carbonilla con notas y acentos de color (acuarelados o pastel).

En forma igualitaria, rostros de hombres o mujeres se suceden, lamentablemente sin ninguna información sobre el personaje.

La ausencia de fechas y de referencias específicas hacen imposible la identificación de una persona real, o tal vez estos trabajos sean un producto de su fecunda imaginación.

Muchas veces es difícil escapar a la subjetiva adjudicación de determinado dibujo a una conocida amistad en el mundo “capagorriano”… de artistas y bohemios, así como a conocidos personajes de la política de la época.

Si tuviera que buscar alguna referencia, o línea de desarrollo similar en otro artista plástico, me atrevería a mencionar ciertas reminiscencias con algunos dibujos de Marc Chagall compartiendo un dibujo libre y repentista en rostros cargados de no poca expresión.

De patilargos y otras aves

Esta categorización es para Capagorry la cabal conciencia de la serie. Él mismo agrupó, puso nombre y cuidadosamente numeró en romanos cada uno de los trabajos.

Estos cientos de zancudos deambuladores, comparten el dibujo decidido, sin pausa para la reflexión o el titubeo con la irreverente presencia de las letras transferibles conformando cabezas portadoras de enormes picos.

En algunos casos estas tipografías fuera de su contexto natural están coronadas por sombreros, galeras o boinas, que permiten trazar un puente entre aves y personas en una natural asociación.

Difícil encontrar una intencionalidad en estos trabajos. Tal vez una fina ironía en la figura y actitudes de estos pájaros de reminiscencias humanas, o simplemente un libre ejercicio de imaginación, regocijo personal y creatividad.

Figureando

Estas composiciones, donde intervienen exclusivamente figuras humanas realizadas a tinta con suaves acuarelados, resultan particularmente enigmáticas.

Estas figuras, mayoritariamente en grupos de hombres y mujeres muchos sinrostros mantienen una actitud de franco diálogo.

Lo particular, es que la gestualidad que acompaña cada intercambio o comunicación está sostenida por índices de manos levantados hacia el cielo, al mismo tiempo que el otro brazo realiza exactamente lo contrario señalando lejanos puntos imaginarios.

Gestos de autoafirmación, de autoridad, de verdades absolutas o la búsqueda de eventuales respuestas. Todo es posible en este lenguaje de señas netas.

Me gustaría afirmar que Capagorry depositó en estas figuritas sus propias certezas, afirmaciones y dudas, frente a los grandes temas que un ser humano puede plantearse, pero seguramente mi osadía me llevará a terrenos jamás imaginados por el autor.

Espejando

Si bien en estas reseñas no nos hemos dedicado a hacer una descripción de las técnicas utilizadas por Capagorry, es claro que en la mayoría de sus trabajos abundan la tinta, el acuarelado, la carbonilla y el pastel (siempre sin fijador).

En este caso, lo importante es que en su totalidad estos trabajos están construidos sobre un particular soporte: el tenue, delicado y traslúcido papel de servilleta. Esas que entrelazadas y plegadas al medio se encadenan para emerger de los dispensadores en la mayoría de las mesas de nuestros boliches.

Ese natural pliego central, y la transparencia del material son la invitación a la simetría de la composición, donde la figura y su imagen espejada dialogan, se confrontan para crear una nueva realidad desplegada. Hay una clara intención de respetar los nítidos trazos del original frente a la copia lograda por capilaridad.

Finalmente, el cuidadoso pegado a una cartulina (algunas veces una postal), servirá como garantía de supervivencia ante lo efímero, para dar paso al color.

Gallo rojo, gallo negro

 “Se encontraron en la arena / los dos gallos frente a frente. /

El gallo negro era grande / pero el rojo era valiente”

“Gallo negro, gallo negro, / gallo negro, te lo advierto: /

no se rinde un gallo rojo / más que cuando está ya muerto”.

Chicho Sanchez Ferlosio

Esta serie de gallos, tiene en sus casi cincuenta dibujos, una tenue y gradual evolución.

Desde los primero dibujos a tinta de suaves acuarelados, se desencadena una progresión donde las líneas y los colores van tomando un carácter cada vez más fuerte.

Los trazos que abandonan la tinta para transformarse en negra carbonilla se tornan enérgicos, netos, definitivos así como también el color se hace intenso vibrante, generando un clima casi perturbador.

Los iniciales lánguidos gallos, van dejando lugar a otros, más imponentes, fuertes y amenazadores gallos negros.

Un acuario completo

Si hacemos un análisis numérico sobre los trabajos gráficos de Capagorry, y las posibles series dentro de su obra, sin duda el grupo de los peces es por lejos el más numeroso.

La última catalogación (aún en proceso) supera los setecientos dibujos de peces en blanco y negro y casi unos trescientos trabajos a color.

Los motivos para tan prolífico trabajo limítrofe con la obsesión no están claros, y serán parte de las muchas interrogantes a develar en futuros trabajos de investigación sobre la obra de Capagorry.

¿Qué peces fueron motivo de tanto desvelo y trabajo?

Fundamentalmente sus composiciones incluyen “peces ángeles / escalares”, esos típicos peces de acuario tropical provenientes de la cuenca del Amazonas, poseedores de una figura plana y triangular con largas y traslúcidas aletas.

De movimientos tan lentos como elegantes son por su carácter gregario, generadores de las mas curiosas coreografías que no escaparon a la más minuciosa crónica del artista.

Copas de cristal y burbujas de aire son en su mayoría los únicos elementos de escenografías mínimas para estos particulares ballets de negra tinta.

Futboleando

Es difícil hablar sobre la relación de Capagorry con el fútbol si no has tenido la oportunidad de conocerlo personalmente.

Estas apreciaciones absolutamente subjetivas tienen como punto de partida, el simple ejercicio de bucear en sus más de cien dibujos sobre el tema.

El fútbol de Capagorry, es un fútbol enteramente de área. No existe aquí el aburrido juego de medio campo, sino todo lo contrario. La totalidad de sus ilustraciones narran el micro cosmos del arco, incluso podría afirmar, no más allá del área chica.

Sus protagonistas, siempre están suspendidos en movimientos de una plasticidad acrobática. No existe la pelota al piso, así como tampoco se refleja la mala intención para con el rival, salvo en una o dos ilustraciones donde la suela con los tapones está dirigida al ocasional espectador.

Ni un rostro definido, y de las innumerables multicolores camisetas, sólo en un dibujo aparece una de ellas numerada. No creo que por casualidad justo sea la número diez.

Es el fútbol de los forwards contra los backs, donde el goal keeper es el héroe volando en pos de una pelota que busca siempre los ángulos imposibles.

Señoritas beateando

Estas obras son otro de los misterios a develar en la obra de Juan Capagorry.

Lo que es absolutamente claro para mi es que estos grupitos de jóvenes mujeres no tienen relación ninguna con ”El harem” de Ingres, “Las bañistas” de Cezanne o las famosas “Señoritas de Avignon” considerado el primer cuadro cubista de Pablo Picasso.

Muy peinadas y vestiditas, algunas portando sendos crucifijos que recuerdan una procesión, están totalmente alejadas de las actitudes y ambientes de sensualidad de las obras antes mencionadas.

En algunos de sus trabajos, como único decorado, una solitaria capillita de cruces azotadas por el viento establecen un vínculo ineludible con lo religioso.

¿Cuál fue su fuente de inspiración? ¿Tuvo la intención de transmitirnos algo?

Preguntas todavía sin respuestas que seguramente funcionan como un trampolín a nuestra imaginación.

Tal vez, esos años setenta después del Mayo francés, de los hippies y los comienzos de la “liberación femenina” adelantaban el fin de un estereotipo de mujer representada en estas obras de Capagorry.

Frente a estas interrogantes aún por develar, me atrevo a afirmar sin duda ninguna, que no son casuales o producto de un gesto de espontaneidad. Amén.