Revisitando los Clásicos

“La originalidad no es otra cosa que imitación con criterio”

Voltaire

Hace un tiempo, ví algunas reacciones de franca pacatería  de instituciones, museos, críticos, curadores, o visitantes ocasionales, con respecto a  algunas de las obras de los pintores más reconocidos y admirados a lo largo de la historia del arte.

Incluyo aquí el siguiente texto: “Para festejar los cien años del fin de siècle vienés, también conocido como secesión, el ayuntamiento de Viena ha organizado exposiciones por toda la ciudad en las que los desnudos de Schiele son protagonistas. El éxito ha llegado a ser tal, que la campaña se ha extrapolado a distintas ciudades europeas. Lo que nadie podía llegar a imaginar es que dos países se negarían rotundamente a mostrar las obras del artista: Reino Unido y Alemania.”

Realmente una estupidez propia del vacío de ideas, valores, creatividad y sensatez. Aunque hay quien dice que detrás de esta absurda resolución se esconde una capaña de márketing que pretende extraer del morbo de la prohibición, una concurrencia mayor.

Por la misma época, es decir recientemente se publica también lo siguiente:

Balthus: un pintor demasiado sexual para los visitantes de museos. Una campaña en internet reúne 10.000 firmas para que el Metropolitan de Nueva York retire el cuadro ‘Thérèse Dreaming’, por ser considerado como “sexualmente sugerente”.

Otra muestra más de una insanía extrema que nos está invadiendo de la mano de discursos e ideologías tan emergentes como preocupantes.

Por último, y alineado con estos avances de la tontería generalizada apareció también por estos días lo siguiente:

Hilas y las ninfas, lienzo del pintor prerrafaelita John William Waterhouse, fue retirado el pasado viernes de la exposición permanente de la Manchester Art Gallery, que también ha retirado de la circulación las postales con la imagen del cuadro. El centro ha anunciado en su página web que la decisión pretende abrir un debate sobre la representación de la mujer en el arte y que el cuadro muestra “el cuerpo femenino como una forma pasiva y decorativa tanto como una ‘mujer fatal’.

Preocupado por estas situaciones, casi impensables en el siglo XXI decidí jugar un naif juego de provocación.  Para ello, fuí “revisitando” clásicos de desnudos femeninos y publicándolos día a día en Facebook, a la espera de una reacción o censura que finalmente no se produjo.

Conclusiones iniciales:

  1. Facebook no me está vigilando tan de cerca
  2. Mis amigos reales y virtuales son los suficientemente cultos y civilizados como para no escandalizarse. Es más, algunos manifestaron aprobación y disfrute de la travesura.
  3. A mis publicaciones no las ve nadie
  4. El mecanismo de “revisita” bajo una estética Low Poly, hace que los clásicos se vean casi fríos, asexuados, o simplemente aburridos.

Hace un tiempo, leyendo a Umberto Eco, en su obra póstuma “De la estupidez a la locura”, encontré que en el capítulo “De libros y otros temas”  habla sobre los Futuristas Italianos.  De su análisis me interesa rescatar una idea sobre la definición precisa en la que algunos hechos se producen. Por ejemplo: La toma de la Bastilla, el asesinato del archiduque en Sarajevo o el Minifiesto Futurista, son sólo hitos que nos ayudan en forma simbólica a comprender la realidad.

Al igual que los acontecimientos mencionados previamente, la cada vez más frecuente censura a obras de arte, anuncia claramente que en algún momento se producirá la catástrofe, fenómeno que ya está de forma incipiente madurando socarronamente. (Socarronería: burla de manera irónica y con apariencia de ingenuidad).

Retomando mi experiencia de revisita:

Hace unos días, estuve invitado al Taller del Maestro Miguel Battegazzore en Punta del Este a discutir y analizar mis últimos trabajos. El disfrute ha sido total, y la seriedad con que los conceptos fueron desgranándose me permitirán sin duda instancias de crecimiento y puertas a nuevas investigaciones.

Me ha interesado sobre todo, una conexión que me ha sorprendido, entre razón y emoción algo que ya en los Manieristas estaba presente, así como los esbozos de una geometría al servicio de la forma.

Por eso, se me ha ocurrido escribir este post con un doble propósito, por un lado, rescatar las Venus y Majas de la vergonzante persecución que una inquisición posmoderna ha desatado, y por el otro,  para reflexionar sobre la pregunta que al igual que un estilete, Battegazzore me ha lanzado: ¿Y después de esto qué?

Ya el tiempo, alguna idea, o el repaso de la obra del cineasta griego Angelopoulos traerán consigo la respuesta.